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MANUEL BELGRANO, LA BANDERA Y LA SOBERANÍA NACIONAL

“Aunque a muchos les importa muy poco hacer algo a favor de las provincias, porque posponen el bien común por sus intereses particulares, al menos echo las semillas que algún día habrán de germinar . . . “MANUEL BELGRANO, Autobiografía, 1814.


Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano González nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, octavo de los 16 hijos de Domingo Francisco María Cayetano Belgrano Perez nacido en Oneglia, ciudad situada en el Golfo de Génova en la Región de Liguria, y María Josefa González Casero, nacida en Buenos Aires, de familia oriunda de Santiago del Estero.

Se diplomó en el Real Colegio de San Carlos como Licenciado en Filosofía en junio de 1787.

Recibido de abogado en la Universidad de Salamanca. Estudió cinco idiomas vivos y fue Presidente de la Academia de Foro Romano, Práctica Forense y Economía Política en la mencionada universidad. Se relacionó con personalidades de los más importantes círculos literarios, científicos e intelectuales de Europa.

Publicó su traducción de la obra del economista francés Quesnay: “Máximas
Generales del Gobierno Económico de un Reino Agricultor”, y otras del reconocido economista italiano Genovesi Galiani.

Desde 1794 y ya de vuelta en Sudamérica realizó traducciones al español, una de las cuales, el Mensaje de Despedida al Pueblo Norteamericano, de Jorge Washington, utilizó para incentivar la idea de Revolución Continental. Sus relaciones, conocimientos y prestigio alcanzados en Europa lo calificaron para ser nombrado por el rey español como Secretario Perpetuo del Consulado de Buenos Aires.

Esto además le valió para ocuparse de la agricultura, la
industria y comercio y, como escribió en su Autobiografía, se llenó de visiones favorables a la América, sobre todo al ser encargado de describir las provincias, a fin de que “sabiendo su estado pudiese tomar providencias para su felicidad” … y aunque a muchos les importa muy poco hacer algo a favor de las provincias, “porque posponen el bien común por sus intereses particulares”, al menos echó las semillas que algún día habrían de germinar.
Con 24 años de edad, al frente del Consulado, Belgrano puso en claro sus principios que
se convirtieron en un compendio doctrinario que revolucionó las ideas, consolidando su
prestigio en todas las clases sociales que vieron en él a un estadista y realizador excepcional.


Impulsó la creación de las escuelas públicas, las que reglamentó posibilitando el ingreso sin excepciones ni discriminaciones: ricos, pobres, indios, gauchos y huérfanos.

Creó las escuelas para mujeres, hasta entonces exclusividades para familias pudientes pero que lo hacían con maestros en su propio domicilio.


Asoció la educación con la creación de nuevos puestos de trabajo incorporando la conciencia colectiva de la cultura del trabajo. Ambos pilares, educación y fuentes de trabajo fueron en la Doctrina y obras de Belgrano, el punto de partida para alcanzar la justicia social en las provincias de AMÉRICA DEL SUR.

Su mayor preocupación fue mejorar la vida de los más necesitados e incorpora un concepto doctrinario: “La   Educación es un fin y un medio para obtener la felicidad del pueblo; las escuelas deben ser gratuitas e inspirar amor al trabajo”.

De inmediato crea y pone en marcha las Escuelas de Dibujo y Arquitectura, la Escuela Pública para Mujeres, Escuelas de Comercio y Náutica.

A esta última la vincula con la creación de astilleros, indispensable para formar una marina mercante capaz de llevar los frutos y manufacturas exportados para no ser víctimas de presiones en los precios y abusos en el cobro de fletes.

Aquí se hace una obligación recordar que a mediados de la década de 1940 se comenzó a fortalecer la Flota Mercante del Estado que en 1950 ya era autosuficiente y la cuarta en el mundo, lo que significó ahorro de divisas con la construcción de barcos en astilleros nacionales con la consecuente creación de importantes fuentes de trabajo.

Lamentablemente en 1955, lo que a la luz de la concepción de Belgrano y legiones de patriotas argentinos significó una contrarrevolución, se desmanteló la Flota Mercante del Estado, barco por barco, eliminándola por completo.

Las pérdidas por la fuga de divisas por pago de fletes son inconmensurables.


Otro de los conceptos belgranianos fue el cuidado de la forestación y la ecología. Poblar la tierra de árboles fue su sentencia y proclamó “se premiará cada árbol arraigado, no debe cortarse un solo árbol sin ponerse otro en su reemplazo.

Sin estos estímulos a las tareas rurales nada se podrá adelantar, ni la agricultura será otra cosa que arañar la tierra sin principios ni ideas, sin conocimiento, ni el comercio saldrá de la esfera de comprar barato y vender caro”. Realmente un visionario a la luz de lo que ocurre hoy en nuestro país.

También Belgrano pidió que “por aclamación se adopte el pensamiento de evitar los grandes monopolios que se ejecutan por aquellos hombres que, desprendidos de todo amor a sus semejantes, sólo aspiran a su interés particular o nada les importa que la clase más útil al estado, la clase productiva de la sociedad, viva en la miseria y desnudez que es consiguiente a estos procedimientos tan repugnantes a la naturaleza, y que la misma religión y las leyes detestan”.

Otros principios rectores de Belgrano son fomentar la exportación de mano de obra y la extracción de los frutos de la tierra con la manufactura que genera empleo y ya en el periódico Correo de Comercio, producida la Revolución de Mayo, en septiembre de 1810 consigna: “La importación de mercaderías que impiden el consumo de las del país o que perjudican al progreso de sus manufacturas y de su cultivo, lleva tras de sí necesariamente la ruina de la Nación”. Sin dudas, una doctrina económica que a 209 años de la creación de nuestra bandera nos reclama cumplimiento, si somos fieles al pensamiento patriota de Belgrano.


Y el creador de la Bandera propugna en esa línea como paso inmediato al cultivo de lino y cáñamo, la fábrica de lona y cordelería para industrializar aquellos y permitir la fabricación de embarcaciones impulsadas entonces por el viento en la navegación a velas.

También impulsó la instalación de curtiembres vaticinando el valor que para el país tendría tal actividad, dada la abundancia de cueros. Podíamos seguir exponiendo la acción de Belgrano siempre con su pasión por el país que lo guía a propender a su soberanía y grandeza.

Como muestra su frase: “Crear nuestra propia flota mercante,capaz de arrancar de la mano de los extranjeros los medios con que nos quitan grandes riquezas en perjuicio general de la Nación”.


A los habitantes de Corrientes y Misiones, Belgrano nos dejó un legado valiosísimo cuando camino del Paraguay en su campaña libertadora, se ocupó de los pueblos originarios de esta región y redactó y elevó a la Junta de Buenos Aires el Reglamento para el Régimen Político y Administrativo y Reforma de los Treinta Pueblos de Misiones.

Establece el 30 de diciembre de 1810 que todos los naturales son libres, gozarán de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode. Los libera del tributo y los exceptúa de todo impuesto por diez años.

Les concede un comercio franco y libre de todas sus producciones, incluso la del tabaco, con el resto de las provincias. Se los reconoce en todo iguales a los españoles, se los habilita para todos los empleos civiles, militares y eclesiásticos y los habilita para la administración de sus pueblos. Se les dará su propiedad y vivienda y podrán elegir sus propios representantes, entre otros reconocimientos a su identidad y dignidad.

En este caso Belgrano se anticipa ya en 1810 a lo que decidiría la Asamblea de 1813.
Sin dudas, Los grandes perfiles de Belgrano están configurados con mayor relieve en el rol preponderante que cumplió en 1810 en la Revolución de Mayo y constitución de la Primera Junta de Gobierno; en la creación de la Escarapela y de la Bandera Nacional Argentina enarbolándola por primera vez junto al río Paraná y prácticamente proclamando la independencia cuatro años antes que lo hiciera formalmente el Congreso de Tucumán; y su actuación militar destacada al frente de los ejércitos de la Patria naciente en las campañas al Paraguay, la Banda Oriental, y del Norte con sus triunfos más brillantes en Tucumán y Salta, donde se libraron las batallas y triunfos más
grandes y destacados por envergadura y consecuencias en territorio nacional.

El propio San Martín elogió sus virtudes militares y personales. Y tanto en el magno acontecimiento de la creación de la enseña nacional como en Tucumán, contraviniendo criterios de los gobiernos centrales de Buenos Aires.

Belgrano con una clara concepción continentalista definió la nación como las Provincias Unidas de Sud América propendiendo como San Martín y otros Libertadores a conformar la gran Patria sudamericana.

Belgrano sacrificó su vida a ese ideal y aunque fue alejado del poder central pese su capacidad, desinterés, compromiso y sacrificios – y tuvo que luchar sin pausas e incansablemente contra los que definió como “enemigos exteriores e interiores” – jamás cedió en su empeño.

Por ello, entonces y ahora, la Patria lo honra como a muy pocos, en el Altar de los Héroes más prominentes. QUE LAS NUEVAS GENERACIONES SEAN FIELES A SU EJEMPLO Y PRÉDICA COMO, TAL VEZ, TODAVÍA MUCHOS ARGENTINOS NO LO FUIMOS.
CARLOS GÓMEZ MUÑOZ

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